Hoy voy a tratar uno de los temas más candentes en la actualidad: “el independentismo” y otras cortinas de humo.

Parece mentira ver al señor Artur Mas con esa posición tan valiente y decidida hacia el independentismo catalán, frente que hasta ahora su partido nunca había tomado como principal baza electoral en unas elecciones. Bien, creo que no es más que otra arma política, de esas que salen a la luz para enmascarar problemas de mayor calado y relevancia en la sociedad. La equiparo a otras cortinas como La Gripe A, El tema del terrorismo o incluso cualquier tontería deportiva que ocupe los telediarios de la semana.

En una maniobra que ni el mismísimo Fernando Alonso con un Fórmula 1 habría hecho mejor, han sabido darle la vuelta a la tortilla de manera que si en Cataluña van bien o mal las cosas no es obra (o culpa) del gobierno local de cada uno de los municipios que la componen, ni de su gobierno autonómico, si no que es culpa del resto del Estado.

Según me informan, hay medios a favor de la corriente independentista que achacan la crisis a su solidaridad con el Estado español, a eso que llaman el Fondo de Compensación Interterritorial y otras historias, hablar de este tipo de conjeturas no hace si no arrastrar a inconscientes (borregos siendo algo más bruscos) que se dejan llevar por el primer payaso que se sube a un estrado.

Quiero aclarar, antes de que los más radicales me tachen de patriota u otras cosas de peor sonido, que reconozco el libre derecho de los pueblos de decidir o autodeterminar su identidad, libres para elegir dónde y a quién pertenecen. No es algo nuevo, si echamos la vista casi 100 años atrás, encontramos que en la URSS ya existía el derecho de autodeterminación de los pueblos. Si si, han oído bien, en la URSS, aquella que en la Constitución de 1936 ya defendió la jornada de 30 o 35 horas/semanales, en función de si el trabajo era manual o intelectual; las vacaciones pagadas (Véase Art. 119), la asistencia médica universal y gratuita para tod@s los ciudadan@s (Art. 120) entre otras muchas cosas que nosotros hoy vamos perdiendo a golpe de tambor marianense.

Pero no es menos cierto, que en estos últimos días (aunque sí anteriormente) no he escuchado ni un sólo motivo ideológico, cultural, político… que justifique esa posible independencia. El único razonamiento ha sido el que está más de moda: el económico. No acepto como justificante motivos exclusivamente económicos, al menos no para seguir generando desigualdad, marginación y/o exclusión en una sociedad capitalista.

El independentismo, al igual que cualquier tipo de nacionalismo (regional, nacional, o de cualquier otra índole) lleva intrínseco el egoísmo de ese pueblo frente al resto. Es como el que comparte cama, tira de la manta sin importarle si destapa o no a su acompañante.

En una sociedad polarizada entre una oligarquía minoritaria que controla un gran porcentaje de la riqueza mundial y una mayoría obrera y trabajadora que se reparte las migajas que sobran, no pueden existir este tipo de fronteras. La clase trabajadora no tiene patria, somos herman@s sin importar el rincón del mundo en que nos encontremos.

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