17 de Junio de 2012

Estamos ante el último clavo ardiendo para dar una salida digna a la situación actual. Hoy, el pueblo heleno, vuelve a las urnas con la esperanza de una victoria en las elecciones de Syriza. Se trata de un partido que ha optado por el modelo islandés para seguir avanzando, esto quiere decir:

Legitimar la deuda externa. ¿Qué significa? Las cifras en las que se habla en los medios de deudas externas de los países están falseadas, son deudas injustas. ¿Por qué? Porque cuando el Banco Central Europeo (BCE) “presta” dinero a los Estados, ocurre el siguiente proceso: el BCE otorga el préstamo al 1% de interés a la banca privada y ésta es la que financia al Estado deudor a un 5-6% de interés. ¿Ven el engaño? Yo al menos sí lo veo.

Syriza aboga también por nacionalización de los bancos (ya que los salvamos, al menos que sean públicos), nacionalización de importantes empresas que se han privatizado en los últimos años, para no extendernos demasiado: El programa electoral de Syriza punto por punto aquí.

El papel simbólico de Syriza

¿Será Syriza la solución a la situación griega? Es una respuesta que aún no puedo responder, pero está claro que es una opción distinta a lo que hemos venido experimentando en occidente desde la segunda mitad del siglo XX, concretamente tras el acuerdo de Bretton Woods en 1948, y que sin duda, ha fracasado estrepitosamente.

No se trata de una crisis económica, porque el dinero está (aunque mal distribuido). Se trata de una crisis humanística, en la que ha triunfado la dantesca Divina Comedia. La utilización de este término no es azarosa, hemos ido cometiendo uno por uno cada pecado capital, condenados a ello por el darwinismo social inherente al modelo imperialista:

– Envidia: Dante Alighieri define esto como «amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos». Traducir esto es tan sencillo como sustituir en la definición la palabra “privar” por una más moderna, como “recortar”. Con la coletilla de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” el sistema disfruta recortando derechos y servicios sociales de la población popular. Encontrando los mayores niveles de diferencia social y económica entre los distintos grupos de la población.

– Ira: “amor por la justicia pervertido a venganza y resentimiento”. Creo que la ira es el pecado más presente en la actualidad, se está constituyendo una cultura de odio, donde las divisiones y enfrentamientos están cada vez más latentes. Para mí, encuentro ira en el sistema que permite la riqueza basada en la explotación y la guerra. La que financia la guerra del coltán en el Congo, la que calla y omite la información sobre el conflicto con los mineros en León, y por qué no decirlo… la que quita a Azaña del congreso.

– Soberbia: No somos Grecia”. Sáenz de Santamaría hace unos días. No somos Grecia no, allí están con 15% de tasa de paro, nosotros el 25%, y en Andalucía rozando el 30.

El problema económico de España no se soluciona con el abaratamiento del despido”. Cristobal Montoro, Junio 2010.

Es un disparate quitarle recursos a los particulares y subir los impuestos”. D. Mariano Rajoy, 11/Julio/2009. Tras la primera subida del Consejo de Ministros en la segunda legislatura de ZP.

Como diría Schuster: “no hace falta decir nada más”.

– Pereza: entonamos el mea culpa en este pecado, pereza de una sociedad adormecida por banalidades, la que hace sintonizar a 13.200.000 televisores para el último partido de España-Irlanda en la Eurocopa. La que paraliza un país porque España gana el mundial y se va de picnic cuando hay convocados movimientos sociales (huelgas, concentraciones, etc). La que no tiene fuerzas para sostener a un país que se cae, y solo se levanta para celebrar el gol de Torres, no olviden que mientras marcamos en Polonia, nos golean en Bruselas.

Cuando un país se hunde, necesitamos de un entramado social más unido y colectivizado que nunca. Una sociedad instruida, participativa y comprometida. Se necesita un patriotismo de verdad, el que se remanga y tira del carro.

Lujuria, avaricia y gula: son tres pecados de exceso. Como dijo un profesor que tuve en la facultad, vivimos en la sociedad de la abundancia. Para estos tres pecados tenemos el ejemplo perfecto: el caso Dívar presidente del CGPJ (Consejo General del Poder Judicial, es decir, la máxima autoridad de la Justicia en España): 28.000€ para 32 viajes personales cargados al herario público. Gastados en Hoteles y Restaurantes de Lujo en Marbella.

Artículo 433 del Código Penal (sobre malversación): La autoridad o funcionario público que destinase a usos ajenos a la función pública los caudales o efectos puestos a su cargo por razón de sus funciones, incurrirá en la pena de multa de 6 a 12 meses, y suspensión de empleo o cargo público por tiempo de 6 meses a 3 años.
Si el culpable no reintegrara el importe de lo distraído dentro de los 10 días siguientes al de la incoación del proceso, se le impondrán del artículo anterior (Pena de 3 a 6 años e inhabilitación de 6 a 10 años).

 

Según esto, el próximo jueves cuando anuncie su dimisión, debería hacerlo desde prisión. Pero si algo hemos sacado en claro en todo este embrollo, es que en este “país democrático” la Justicia no es igual para todos.

Acabo ya esta entrada, una se las más largas sin duda, pero de las que más he disfrutado escribiendo, conclusiones:

1- Esperamos al último tren en Europa, con los resultados finales en Grecia y la esperanza de un cambio de la mano de Syriza.

2- Con una frase del último programa de Salvados. Grato descubrimiento, es de Manuel Milián Mestre, Ex Diputado y Fundador del Partido Popular: “Esto no es una crisis política ni una crisis económica, es una crisis moral. Aquí se ha hundido el sistema de valores de occidente“.  (Entrevista completa en el enlace).

 3- Esperanza también en España, tras el paso adelante, a la primera línea de batalla de un líder referente que pueda guiarnos en el modelo que promulga Syriza y que ha sacado a Islandia de este engaño. (Vea el vídeo a continuación de Anguita en Sabadell).

No sé vosotro@s, pero yo me sumo a la guerra.

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