La Sombra del Ciprés es alargada

Acabo de terminar esta novela de Miguel Delibes, es curioso pero la percepción de la vida del personaje principal (Pedro), me ha recordado por su similitud a una apreciación que hice en la asignatura de Ética – reflexión en 2º de ESO, con 14 años-. Habla Pedro, por influencia de su educador (El Sr. Lesmes) de que para no sufrir en la vida hay que alejarse de todo aquello que puede darnos satisfacción o placer. Es decir, solo es posible el sufrimiento ante la pérdida de algo conocido. Si no se conoce, no se sufre al perderlo.

Años después, he aprendido que aquella percepción mía de hace ya doce años (que ahora me  refresca Delibes), es válida únicamente cuando tenemos decidido renunciar a todas aquellas emociones que nos brinda la vida. Si planteamos en firme vivir ajeno a todo cuanto nos rodea, desde luego esta es la forma perfecta para una vida menos dolorosa, más fácil y simplista.

Sin embargo, aquel que decida emprender este rumbo ha de plantearse seriamente los motivos que le hacen seguir manteniendo dicho letargo. No podemos renunciar a lo positivo de la vida por aquellas otras situaciones incómodas o difíciles que se nos plantean. No podemos rendirnos antes de empezar la marcha, tenemos el deber de coger impulso y volar más alto ante estas complicaciones, seguir creciendo, seguir haciéndonos más fuertes.

Como dijo Rosa Luxemburgo:

Frase Rosa Luxemburgo

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